14 octubre 2014

++ JUDAIZAR (III). ARGUMENTO PAULINO VS PEDRO. LA JUSTIFICACION.

Hola amigos.

Tratando de llevar una secuencia en mis comentarios concernientes  al episodio suscrito en la carta a los Gálatas (2:11-21) entre Pablo y otro de los pilares del movimiento nazareno, Pedro.
Toca ahora analizar el argumento paulino, es decir, la respuesta que da Pablo a la actitud de Pedro en quien veía una desviación de la buena noticia que se estaba predicando entre los gentiles.

Una actitud de Pedro tan garrafal y digna de amonestar ya que incluso arrastró al colaborador más cercano de Pablo, Bernabé, y junto con él a los otros judíos antioqueños. Entonces Pablo comienza el reproche aludiendo a su elección  y llamado especial por parte de Dios, como miembros del pueblo judío, aquí Pablo aboga a su judeidad incluyendo a Pedro y los otros judíos (Gal 2:15). Ellos no son como los gentiles paganos que no saben distinguir lo santo de lo profano, pero sobre todo, Pablo introduce un argumento sustancia de la teología nazarena: "el hombre no es justificado (por El Eterno) por las obras de la Ley", en otras palabras, quien observa la Torah, la Ley divina, no tiene garantizada la justicia ante Dios. Jesús en sus parábolas dejaba ver que, un fariseo piadoso y observante de los mandamientos estaba más alejado de Dios que un gentil pagano pero que con "humildad" (Lc 18:14) y reconociendo sus faltas (no observancia de la Ley) se acercó a Dios. Lo lógico es esperar que la justificación viniera por el cumplir los mandamientos, pero Pablo aquí deja de manifiesto que no es por observar la Ley, mucho menos de forma legalista, al grado de hacer distinción entre los redimidos; pues un creyente de origen gentil que reconoce a Dios y la mesianidad de Jesús no se esperaba que fuera idólatra o pagano, ya Pablo instruiría en sus comunidades a hacer una separación entre lo profano y lo santo (1 Cor 10:20), pero siempre en términos de la jurisprudencia aplicada a los redimidos de las naciones que no son judías. Escribe Pablo:
"El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fidelidad de Jesús el Mesías, nosotros también hemos creído en Jesús el Mesías, para ser justificados por la fidelidad del Mesías y no por las obras de la Ley, por cuanto por las obras de la Ley nadie será justificado." (Gal 2:16)
Si Pedro se sometía a las exigencias legales que los sabios, interpretadas de la Ley, habían instruido para la vida judía, dice Pablo, eso no es suficiente para hacerlos aun lado con una conducta hipócrita ante la vigilancia de los más rigurosos observantes de estas costumbres (los que vinieron de parte de Jacobo). Ciertamente entiendo que, Pablo no desestima la Ley ni las costumbres, sin embargo, exalta y suscribe la creencia en Jesús en base a su fidelidad para con Dios más que la mecánica observancia de la Ley. Lo que hizo Jesús, su obediencia extrema, ya el judaísmo a través de los siglos desarrollaría el concepto del zejut (el mérito) que el Justo genera ante Dios. Es el mismo principio aplicado por Pablo a Jesús, no como una muerte vicaria, eso ya sería una exégesis tardía cristiana, sino cómo sustentar la justicia divina en un acto de confianza y fe antes que las acciones. Que nadie se justifica por obedecer la Ley es la premisa paulina pues ni Avraham, Isaac, Jacob, Moisés, David, Josías, Nehemías, etc. ninguno de ellos fue justificado ante Dios por obedecer la Ley, la Torah, fue por pura confianza en él. Pablo en otra de sus cartas lo sostendría aún más claro:
"Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fidelidad de Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios," (Rom 3:21-23)
Lo mismo que contesta Pablo en Gálatas lo expone en su carta a los Romanos, "todos pecaron", judío y gentil, unos con Torah (Ley) otros sin Ley, la Ley no garantiza la justificación. Al menos aquí es la sentencia paulina, uno podría obedecer toda la Ley de Moisés, pero Dios justifica por el interior, el corazón, y por eso hace hincapié en la circuncisión del corazón (Dt 10:16). Siendo así, Pablo recrimina a Pedro y los demás, que el ser judío y obrar la Ley de poco vale ante lo valioso y glorioso de la Justificación ante Dios.

¿Qué propone Pablo?

Que como judío desde el seno materno (Gal 2:15) y sin transgredir la Torah (Ley) como lo hacen los paganos, con todo y eso, él no tiene segura su justificación ante Dios; ¿sobre qué se sustenta la teología paulina aquí?
"Con el Mesías estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive el Mesías en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fidelidad del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gal 2:20)
Aquí hay una pauta para entender de forma alternativa a Pablo, no como el sacrificio expiatorio, Pablo se empata con el Mesías, con Jesús, por todo su esfuerzo en la redención individual y colectiva, es decir, lo que vive "en la carne" lo vive en la fidelidad del Hijo de Dios, no en la fe "al" Hijo de Dios como si fuera el sujeto de la fe sino la fe "de" el Hijo de Dios que tuvo con Dios, es decir, la fidelidad que tuvo el Hijo de Dios de obedecer al Padre y entregarse en completa obediencia a su Voluntad. Sé que es algo muy sutil, pero es algo que he aprendido en estos años a diferenciar. Como cuando los judíos rezan en la akedá Itzjak (atadura de Isaac) haciendo referencia a Dios por la fe "de" Avraham, no la fe en Avraham, es decir, los judíos distinguen entre el sujeto de la fidelidad a Dios y la confianza en el Dios de Avraham, uno es el acto de fe que justifica y el otro el motor de la fe. Citaría Pablo cuando escribió: "Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia" (Gal 3:6; Gen 15:6, Rom 4:3, Jac 2:23) Este es el argumento de Pablo, así como la fidelidad de Avraham a la promesa de Dios, así también la fidelidad de Jesús (no la fe en Jesús) justifica.

Quizás habría que escribir más sobre esto, quizá en otra oportunidad pero confío en que este brevísimo comentario aporte una nueva óptica para revisar las afirmaciones de Pablo, estoy convencido y espero que entre más se profundice en esto, más estaremos cerca de conocer la esperanza del emisario de las gentes.

Shalom amigos.
.David .Mena

08 octubre 2014

++ JUDAIZAR (II). PEDRO VS PABLO. TRES GRUPOS SUMIDOS EN LA DISPUTA ANTIOQUEÑA

Hola amigos:

En la nota anterior mencioné a grandes rasgos el énfasis primordial del concepto judaizar, a saber, influir e incitar a los gentiles que se hagan judíos, lo cual implica llegar a la cúspide de la conversión por medio de la circuncisión. Una vez que el gentil optaba por hacerse circuncidar ya estaba obligado a someterse a los requerimientos que regían a cualquier judío piadoso de la época a la cual estamos haciendo referencia. Pablo mismo, en otro punto de la carta que pretendo analizar hace eco de ello cuando escribe:
"Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley." (Gal 5:3)
Aquí hay una muestra de la formación farisaica de Pablo en quien la Ley era normativa para el pueblo judío por su elección y llamado de los patriarcas. Para entender a Pablo, es necesario saber que "guardar toda la Ley" por consecuencia de la circuncisión, habilitaba las exigencias que de ella emanaban de forma individual que el gentil circuncidado adquiría por su decisión de formar íntegramente parte del pueblo judío. Como incircunciso y "temeroso de Dios" al gentil se le exigían las normas básicas de moral y "espiritualidad" que le regulaban dentro del marco jurídico judaico, una vez que se afianzaba la decisión de pertenecer a la sociedad judía piadosa de forma formal. Los gentiles que reconocían al Dios de los judíos tenían acceso a la sinagoga y ciertas costumbres que les aplicaban, se les hacían estrictas prohibiciones extraídas de la Ley divina, el requerimiento era mínimo y no exigía la circuncisión, todo eso posteriormente evolucionó al concepto de "leyes noájicas" que se aplican a los que no son judíos de nacimiento. Una vez que ese gentil se "hace circuncidar", es decir, accede a la judaización, su estatus social y espiritual cambia de acuerdo a los lineamientos judaicos que interpretaban que, los judíos son hijos de Dios por elección "natural" y que los gentiles, los conversos o prosélitos son hijos adoptivos, pero igual en estatus "hijos de Dios" pues han sido hechos, por medio de la circuncisión, copartícipes del llamado. Los sabios judíos así han entendido la expresión de la Torah: "Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora." (Num 15:16). El extranjero es identificado por la exégesis judía como los prosélitos (conversos) o gentiles que se circuncidaron y que sin embargo, la Torah identifica como un sector diferente al natural pero parte integral del pueblo de Israel.

Una vez atendido esto ¿qué sustraemos del encuentro entre Pedro y Pablo en Antioquía? Después de todo quien acusa y amonesta es Pablo, sobre su juicio vamos a analizar lo acontecido tal cual él manifiesta a continuación:
"Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión." (Gal 2:11-12)
Aquí hay un par de referencias para que caigamos en la cuenta que Pablo habla de la actitud de Pedro pero por a consecuencia de dos facciones o grupos que Pablo está señalando, una es los "de parte de Jacobo" y otro grupo "los de la circuncisión". La mayoría de exégetas cristianos no hacen distinción alguna, sin embargo, es interesante notar y podría decir, hacer valer que ya el autor de Lucas y los Hechos emplea el termino "la circuncisión" a un grupo determinado. Según entiendo, los de parte de Jacobo, vendrían a ser los judíos de Jerusalén, este grupo venía ni más ni menos que del núcleo ortodoxo del movimiento de Jesús de donde era Pedro, por eso lo refleja el autor de los Hechos cuando pone en boca de Pedro una referencia a las leyes judaicas que interpretaban la interacción judío-gentil cuando afirma: "Bien saben ustedes cuán ilícito le es a un judío unirse o acercarse a un hombre de otra nación..." (Hch 10:28a).

En Antioquía donde se hace referencia al caso de Pedro, los de la circuncisión vendrían a ser la mayoría junto con los líderes judíos de la comunidad antioqueña que desde luego eran observantes de la Torah y las costumbres ancestrales, sin embargo, por como Pablo describe la situación se entiende que, Pedro, siendo judío y en concordancia con lo que se expresa en el rollo de los Hechos, no hacía la distinción halájica o regulatoria que prohibía a un judío acercarse, entrar a la casa y mucho menos comer con un gentil; el otro grupo, "los que vinieron de parte de Jacobo", eran igualmente judíos observante de las leyes y costumbres judías, quizá de una forma más radical pues es una de las consecuencias de la diáspora en donde las comunidades judías tenían un contacto más próximo y cercano a los gentiles. Lo que Pablo achaca a Pedro es la actitud y cabe destacar que Pablo contrario a la opinión popular no descalifica la costumbre halájica, es como si para Pablo tiene su valor normativo que un judío no se acerque a un gentil. Lo que se extrae de la teología paulina es que, efectivamente hay que matizar que un gentil, pagano, idólatra, que se rebela contra Dios, a ese sí le aplica la jurisprudencia judía, ahí si es ilícito para un judío acercarse. En la respuesta de Pablo él acepta que Pedro no viva como judío prescindiendo de dichas leyes judaicas que regulaban el contacto con los gentiles, después de todo, Pablo aclararía que esos gentiles no son cualquier tipo de gentiles, son temerosos de Dios, son creyentes en la mesianidad de Jesús (Yeshúa), Pablo lo que ve es la doble moral y doble actitud, completamente condenable a los ojos del evangelio que él está predicando. Pablo entonces introduce a un aparente tercer grupo "los otros judíos":
"Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos." (Gal 2:13)
La pregunta es obligada ¿quienes son esos "otros judíos"? según yo entiendo, los otros judíos son los pertenecientes a la comunidad antioqueña que antes que "vinieran los de parte de Jacobo" se unieron a la actitud de Pedro. Se puede entender también lo contrario, que los otros judíos fueran de la facción de Jerusalén que llegaron de parte de Jacobo, a estos, viendo la actitud de Pedro, le siguieron; sin embargo, como Pablo introduce a Bernabé que ya se encontraba con él ahí, me inclino por la idea que el grupo de los otros judíos son antioqueños, al venir los de Jacobo es donde se va a evidenciar el cambio de actitud.

En la próxima nota trataré de analizar el argumento paulino a dicha actitud.

Shalom amigos.
.David .Mena

17 septiembre 2014

++ JUDAIZAR. LA PRINCIPAL CONSECUENCIA DE JUDAIZAR EN UN CONTEXTO JUDÍO

Hola amigos:

En muchas ocasiones y en distintas épocas me han señalado de "judaizante" por el hecho de argumentar lo siguiente: que la Ley de Moisés no está invalidada y que tanto Jesús (Yeshúa) como sus inmediatos seguidores no dejaron de vivir al estilo judaico, que implica la observancia de la Ley.

La palabra judaizar (ιουδαιζειν) aparece en Gal 2:14 en el contexto cuando Saulo amonesta la actitud de Simón Pedro quién comía con creyentes de origen no judío (gentiles) pero cuando vio llegar a una facción ultra-ortodoxa con respecto a las leyes judías de relación judío-gentil (que entre otras cosas prohibían que un judío comiera algo cocinado por un no-judío), éste decidió separarse y dejar de frecuentar la comida con aquellos que habían venido a la fe del Mesías Jesús. El señalamiento fue duro y directo por parte de Pablo, esa actitud es contra "la verdad de las buenas noticias" que al menos Pablo estaba predicando a judíos y gentiles. No voy a comentar qué no es "judaízar" sino ¿qué significa y qué se entiende por judaizar en el contexto judío?

Judaizar es un término que no puede ser aplicado a un judío, sólo es aplicable a personas no-judías, gentiles, quienes son los únicos que pueden ser judaizados, porque judaizar es: incitar, influenciar, invitar, alternativamente puede ser hacer proselitismo judío, circuncidar, es decir, que un no-judío se vuelva judío. No sólo por las leyes y costumbres, porque muchos gentiles temerosos de Dios tenían acceso a la sinagoga (hoy día en algunas partes se sigue aceptando), observaban el shabbat, eran parte de la liturgia o seder (servicio cúltico), estaban integrados en la sociedad judía tanto en Judea y las provincias del imperio romano donde había sinagogas. Estas personas no estaban judaizadas por empatizar y ser participe con los judíos de ciertas costumbres y religión, sin embargo, cuando se daba el paso de integración completa y comprometida, era cuando se judaizaba al gentil, es decir, se hacía judío.

Judaizar por tanto, no es celebrar fiestas judías, leyes dietéticas, etc. judaizar es hacer que un no-judío se haga judío; lo que implicaba esto es un cambio de estatus dentro de los marcos jurídicos del judaísmo y que se adquiría por medio de la circuncisión (la conversión en judío). Esta identidad tripartita, nacional, cultural y religiosa eran la culminación de dicha integración. De esta manera se puede entender que Pedro con su acción vacilante, arguye Pablo, no era consecuente con la verdad de las buenas noticias respecto a la fe en el Mesías Jesús.
"Si tú (Pedro) que eres judío vives como los gentiles (con quienes comías) y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?" (Gal 2:14b, versión RV 1989).
Curiosamente esta versión antigua de la Reina Valera, en mi opinión, traduce lo más acertadamente en cuanto al contexto judaico.

En el próximo comentario ahora sí trataré de entrar a analizar la amonestación paulina a Pedro.

Shalom.
.David .M

18 marzo 2014

++ LOS DISCIPILOS Y LOS DEMONIOS DICEN QUE YESHÚA ES EL MESÍAS.

Hola amigos.

En los escritos nazarenos (N.T.) se encuentran afirmaciones en las que se intenta resaltar la identidad de Yeshúa como “el Mesías”. Prácticamente esa es la labor de los evangelistas, pero lo curioso es cuando los autógrafos ponen en labios de los shedim (demonios) la identidad y revelación del “Hijo de Dios”. Antes de entrar en materia, dado los textos que tocaré, quisiera esclarecer que las expresiones “hijo de Dios” e “Hijo de hombre” se refieren a la expectativa mesiánica judía, de aquel heraldo que traerá la redención a los israelitas, el Mesías.

Pedro, por inspiración divina, reconoce a Yeshúa como el Mesías.

“Yeshúa salió hacia la tierra de Siria, la tierra de Filipos, y preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Qué dice la gente acerca de mí? Le dijeron: Algunos dicen: él es Juan el purificador, otros dicen: él es Elías y otros: Jeremías o uno de los Profetas. Yeshúa les preguntó: ¿Y ustedes que dicen acerca de mí? Simón, llamado Kefa, contestó y dijo: Tu eres el Mesías, el Rey de Israel elegido por el Di-os viviente que has venido a este mundo. Yeshúa le dijo: Dichoso eres Simón hijo de Joná porque carne y sangre no te lo han revelado, sino el Padre que está en los cielos. ” (Mt 16:13-17)

La actividad que estaba teniendo Yeshúa no era indiferente, por el tipo de respuestas que se menciona de parte de los discípulos, algunos, si no es que la mayoría de los seguidores de Yeshúa, por lo menos tenían algo en común, reconocían el origen divino (en un sentido profético) la prédica del Maestro galileo. Este pasaje, sobradamente conocido por todos, ofrece un dato interesante que sin duda tiene implicaciones exegéticas o interpretativas, está claro el manifiesto que, no fue Pedro quien por sí mismo dedujo o que alguno de sus compañeros le dijeran, incluso, el Maestro mismo se excluye como la fuente de información y revelación de la identidad mesiánica de Yeshúa: “carne y sangre no te lo han revelado”, esto quiere decir que sin duda es por inspiración divina “el Padre que está en los cielos”. Esto mismo es lo que dice Shaul de Tarso (1 Cor 12:3), solo por inspiración divina se puede saber y comprender el señorío (mesianismo) de Yeshúa. A esta escena podemos agregar el episodio de Andrés y Simón (1 Jn 1:41) y  Natanael (Jn 1:45-51) donde éste identifica a Yeshúa como “el Hijo de Dios” y por extensión el “rey de Israel”, es decir, el Mesías. Aquí sucede algo interesante, en el evangelio de Juan, ya Pedro sabría que Yeshúa es el Mesías por conducto de su hermano Andrés, entonces adquiere un sentido más profunda la sentencia de Yeshúa cuando le dice que “carne y sangre no te lo revelaron”, si atendemos al evangelio de Juan debemos reconocer que ya Pedro sabía (su hermano le dijo: hemos encontrado - incluye a varios - al Mesías), yo puedo dar una respuesta, salvo la mejor opinión de ustedes: que desde ese momento el Padre, así como a Juan el inmersor, Andrés su hermano y otras personas, ya se había revelado por inspiración divina en su corazón, la identidad mesiánica de Yeshúa, la declaración de Yeshúa a Pedro sería una confirmación de una realidad espiritual, a saber, que es por injerencia divina que se da a conocer su identidad mesiánica.

A los no-judíos (samaritanos) Yeshúa mismo les revela su identidad mesiánica.

Encontramos otro episodio de revelación con la escena de la samaritana (Jn 4:25-42), sin embargo, es Yeshúa mismo quien se revela a la mujer: “yo soy (el Mesías), el que habla contigo”, la mujer había expresado la expectativa judía siendo samaritana “Sé que ha de venir el Mesías; cuando él venga nos declarará todas las cosas.”. Aquí Yeshúa asume el papel del Espíritu Santo como el instrumento por el cual se revela su identidad, es algo curioso, porque si miramos detenidamente, tanto Pedro, Andrés, Natanael, Juan, etc. eran judíos, aquí tenemos a una mujer no judía, sino samaritana, a quien ya es el Maestro mismo el que expone el mensaje de redención. Una vez que Yeshúa habló con esa mujer, se dice que ella va a su ciudad y comienza a decir a los suyos que tal vez ha encontrado al Mesías (Jn 4:29) y ya no es sólo por el dicho de la mujer sino que es con la predicación de Yeshúa que se disipan las dudas: “Ya no creemos solamente por tu dicho (de la mujer), porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Mesías.” (Jn 4:42).

De los textos evangélicos se puede extraer que parte de los seguidores de Yeshúa, así como sus discípulos más íntimos (conocidos como los Doce) tenían cierta afinidad de reconocer en su maestros al Mesías de Israel. Y esto no es muy extraño en su contexto histórico, ya que Yeshúa vendría a ser uno de los varios ‘mesias’ de la época tan revulsiva en la Judea del siglo primero. Por supuesto, para sus seguidores fue y sigue siendo el auténtico Mesías.

Los demonios (shedim) saben y reconocen la identidad de Yeshúa como el Mesías (Hijo de Dios).

En los pasajes anteriores vimos como los discípulos y seguidores de Yeshúa tenían cierta noción profética y mesiánica en la persona del Maestro de Nazaret, sin embargo, ahora pasamos a otro tipo de testimonio que los autógrafos de los evangelios ponen en labios de shedim (demonios). Cabe resaltar, pues actualmente hay líneas de creyentes nazarenos (y cristianos, particularmente católicos, aunque no lo crea!) que no aceptan la realidad de los shedim como entidades que se introducen en las personas, pero bajo el análisis contextual de la época es a todas luces una forma de pensamiento religioso-cultural judío que difícilmente se puede omitir o ignorar, por eso en las tradiciones judías que nos llegan hasta nuestros días existe el dualismo teológico entre los negacionistas y los que aceptan dicha corriente tradicional, una realidad de nuestros días que se reproduce aún en el mismo contexto del siglo primero donde había judíos que aceptaban la existencia de demonios (junto con ángeles) y los que no. No sé cual es la novedad!

Pues bien, por ahora me enfocaré a un par de episodios donde estas manifestaciones de seres espirituales inmundos se hacen eco de la identidad mesiánica de Yeshúa. El primer pasaje es uno bien conocido por ustedes, cuando en el desierto ‘el tentador’ también el satán, exclama a Yeshúa:

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. ” (Mt 4:3)

El autógrafo de Mateo pone en labios del satán la identidad de Yeshúa como el Mesías (hijo de Dios), es decir, rey de Israel. En otro intento “el tentador”, que es el satán y “el diablo” (según el evangelista) vuelve a ratificar su identidad: “Si eres Hijo de Dios, échate abajo” (Mt 4:6), está claro que el satán sabía la identidad de Yeshúa como el Mesías, se entiende que es inverosímil que haga esas afirmaciones hacia él si no lo supiera, la tentación vendría a significar a que Yeshúa muestre su autoridad, pues las dos primeras exigencias del satán tienen que ver con “convertir piedras en pan” para alimentarse y tal vez romper el ayuno, asimismo arrojarse de lo más alto del Templo para ser rescatado por ángeles; ambas cosas aflorarían su autoridad sobre la creación. El tercer intento del satán también tiene que ver con la autoridad, éste le ofrece “los reinos del mundo y el honor de ellos”, tal parece que era algo que Yeshúa no tenía y el satán sí, pues lo que demandaba este último era reverencia y reconocimiento supremo, la respuesta de Yeshúa es contundente: “Al Eterno tu Dios servirás y a él sólo rendirás homenaje supremo”.

Otro de los pasajes donde shedim identifican a Yeshúa como el Mesías:

“Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Yeshúa, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mt 8:28-29).

Aquí el autógrafo está empleando un lenguaje muy esenio-fariseo (1 Enoc 15:8) con respecto a la pregunta final de los shedim “¿has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?”, la tradición judía del rollo de Enoc, precursora de los escritos nazarenos, ya empleaba un lenguaje escatológico donde los espíritus impuros serían juzgados, junto con los jefes (1 Enoc 10:11, 15) “(Dios le dice al arcangel Miguel)
Destruye todos los espíritus de los bastardos y de los hijos de los Vigilantes porque han hecho obrar mal a los humanos.”. Según esta tradición propia de la religiosidad judía que se ha plasmado por los evangelistas, muestra que la reacción de los shedim que tenían sujeto a esa persona, eran reos de un juicio divino todavía por producirse (el autor del rollo de Revelaciones hablará en los mismos términos), por eso su exclamación atiende a este contexto judío apocaliptico. Los shedim pues, saben quien es Yeshúa “el Hijo de Dios”, otro ejemplo lo recogemos en el siguiente episodio: “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. ” (Mc 3:11), aquí los demonios son agentes los que probablemente causaban “ciertas” enfermedades y que identifican a Yeshúa como el Mesías, el Hijo de Dios.

Ahora bien, tenemos el siguiente cuatro, los discípulos, por inspiración divina, se les revela la identidad mesiánica de Yeshúa, son las palabras puestas en boca de Yeshúa y también Shaul se hace de esa misma premisa (1 Cor 12:3), ¿pero qué sucede con los demonios? No se puede hablar de que una persona endemoniada o sujeta por shedim tenga Ruaj haKodesh (Espíritu Santo) será la paradoja teológica de algunos. Sin embargo, dentro de la misma tradición judía existe el concepto de bat Kol (voz celestial), se trata de una voz o sonido celestial donde El Eterno mismo o uno de sus ángeles expresa un mensaje o resolutivo para ciertas controversias, cual es la posición del Cielo en determinado una revelación. Esto último es lo que sucede en los documentos nazarenos en el Jordán cuando Yeshúa es purificado por Juan.

“Enseguida que subió de las aguas, se abrió para él los cielos y vio la inspiración de Dios (Espíritu Santo) descender como paloma y le asistía. Entonces he aquí que una voz celestial decía: Este es Mi hijo amado, muy amado, Mi complacencia está en él.” (Mt 3:16-17)

Esto era parte de la religiosidad judía, el que El Eterno mismo (o por medio de sus agentes) interviniera para revelar o fijar una postura determinada como se reflejaría en la tradición; esta “voz de los Cielos” en el Jordán expresa de un modo similar el bat Kol (voz celestial). Una vez que se considera esto, podemos señalar lo que la misma tradición talmúdica habla acerca de los demonios:

“Nuestros Rabinos enseñaron: Seis cosas se dicen en relación a demonios: con respecto a tres, que son como los ángeles ministrantes, y en lo que se refiere a (otros) tres, como los seres humanos. 'En lo que se refiere a tres que son como los ángeles ministradores ": no tienen alas como los ángeles ministrantes, y vuelan de un extremo del mundo al otro como los ángeles ministrantes, y ellos saben (los demonios) lo que va a pasar como los ángeles ministradores. [Dicen], 'Saben' - no se puede decir eso! - Por el contrario, (ellos, los demonios) escuchan desde detrás del velo (la voz celestial) como los ángeles ministradores.” (Talmud babilonio Hagigah 16a)

Lo que se está diciendo es que, en el mundo angélico, herencia esenio-farisea, la voz celestial es oída por los shedim-demonios y por tal, ellos supieron la identidad de Yeshúa como Mesías. Se estaría hablando de dimensiones espirituales ocultas a la realidad humana. En el rollo de Revelaciones “la gran voz” son muchas veces emitidas por ángeles celestiales con órdenes específicas, tanto para los encargados de hacer daño (Ap 7:2) como para los encargados de hacer el bien (Ap 5:2).

Shalom amigos.


++ YESHUA Y LA ORDEN DE CENSURAR SU IDENTIDAD MESIÁNICA

Hola amigos.

En la nota anterior vimos ciertos pasajes donde discípulos y demonios (shedim) reconocen la identidad mesiánica de Yeshúa. Ahora, vamos a hacer referencia a un par de textos donde Yeshúa manda silenciar de alguna manera a ciertas personas sanadas a que no distribuyan sus milagros, así como órdenes explícitas a los demonios para que no se expanda entre la multitud de que él es el “hijo de Dios” o “el Santo de Dios” (el Mesías de Israel).

Sanación del leproso.

En este episodio Yeshúa restringe la información de su obrar, leemos que categóricamente le dice: “Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego,  y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.” (Mc 1:43-44). Vemos que la intención de Yeshúa es todo lo contrario a lo que sucedió, la sanación de lepra (una enfermedad particular) era para testimonio de los líderes y eso es lo que “rigurosamente” le encargó Yeshúa al ex-leproso, sin embargo, al ir, éste fue y “comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho” cosa que causó a Yeshúa no poder actuar libremente en la ciudad.

Jairo y su familia.

Se narra la muerte de la hija de Jairo, un principal de la sinagoga, Yeshúa llega y dice que no está muerta por lo que recibe burlas, pero él hace entrar al padre y madre de la niña, mientras que Marcos sólo dice que además de los padres también entraron“ los que estaban con él”, Lucas pone nombre a los acompañantes “no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña.” (Lc 8:51), tras el acto asombroso de resucitar a la hija, “Talita cumi” (niña levántate), Yeshúa manda: “Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.” (Mc 5:43, Lc 8:56).

El ciego de Betsaida.

Yeshúa sana a este ciego de una forma de los curanderos de la época, tras intentar primero escupir en sus ojos y ponerle sus manos encima, y en otra oportunidad colocando nuevamente sus manos sobre sus ojos, la persona vio, a lo que Yeshúa nítidamente le dice que vaya a su casa y ni siquiera vaya al pueblo: “Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.” (Mc 8:26). Similar sucede pasando por la Decápolis cuando le trajeron un sordo-mudo al que escupiendo también, metió sus dedos en sus oídos y tocó su lengua para luego ser abiertas y pudiera oír y escuchar, vino la orden entonces: “Y les mandó que no lo dijesen a nadie” (Mc 7:36a) desde luego no fue atendida ya que entre más lo censuraba, más se divulgaba su obrar.

Es interesante que, Yeshúa evitara que se anunciase todo aquello que realizaba. A excepción del evangelista Juan quien desde el comienzo pone en labios de Yeshúa la anunciación de su identidad, se trata ya de una elaboración teológica diferente de los evangelios  sinópticos. También se debe traer a cuenta un caso interesantísimo cuando ciertos seguidores, tras el milagro de la multiplicación de alimentos, reconocerían en Yeshúa al “profeta que había de venir”, pero “entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey (lo habían identificado como el Mesías), volvió a retirarse al monte él solo.” (Jn 6:14-15). Vemos pues, una especie de secretismo en el obrar los milagros de Yeshúa y en el mismo tenor, tras la expulsión de shedím, Yeshúa les ordena no revelar su identidad mesiánica a la par de su intento de pasar desapercibido entre la multitud. Mientras que los evangelistas introducen este secretismo, todos son unanimes a la hora del juicio a Yeshúa, donde con toda claridad ponen en sus labios la revelación de su identidad: “El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?  Y Yeshúa le dijo: Yo soy” (Mc 14:61-62a; Mt 26:64, Lc 22:67,70 y Jn 18:37).

Los demonios son silenciados por Yeshúa.

En Cafarnaum sucedió que cierto hombre que tenía espíritu inmundo (demonio) al ver a Yeshúa exclamó: “!!Ah! ¿qué tienes con nosotros, Yeshúa nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. ” (Mc 1:24), aquí el demonio sabe la identidad mesiánica de Yeshúa y que como vimos en la nota anterior, es por inspiración divina que se llega a conocer, los demonios de alguna forma tuvieron acceso a esa revelación y el evangelista se hace eco de la interpretación de la época en que los espíritus inmundos, así como sus jefes son reos de juicio divino. Yeshúa censura al espíritu: “Callate y sal de la persona” (Mc 1:25), vamos a destacar algo interesante, el evangelista lejos de ahondar más en las palabras del endemoniado con respecto a la identidad mesiánica, pone el mayor énfasis el poder exorcista de Yeshúa: “¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?” (Mc 1:27) Por supuesto, los judíos sabían de exorcistas y endemoniados en el siglo I pero requerían de elaborados rituales (Josefo, Antigüedades VIII 2,5; Tobías 6:5-9) por lo que, la autoridad con las que Yeshúa exorcizaba era algo novedoso, no la existencia de demonios en las personas.

Durante la noche le trajeron a enfermos “y endemoniados”, hay que leer atentos a esta doble clasificación, ya que, ciertamente había enfermedades naturales pero los judíos de la época creían que ciertas enfermedades eran causadas por demonios, de ahí la clasificación. Es en ese contexto que el evangelista expresa: “Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.” (Mc 1:34). Aquí nuevamente Yeshúa censura a los demonios y es que estos le identificaban y justamente eso es lo que él quería evitar pues según los relatos anteriores ya su fama “se difundió por la región de Galilea”. Bien, mientras el Evangelio de Marcos nos habla en estos términos, en Mateo se interpreta más las sanaciones de Yeshúa y se introduce una referencia profética: “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.” (Mt 8:16-17). Existe la doble clasificación, enfermos y endemoniados, a todos ellos sanó. Vemos que mientras Marcos y Mateo se expresan de forma general con respecto a las sanaciones, son Marcos y como veremos Lucas, quienes al narrar los hechos expresan la censura mesiánica, en Lucas lo leemos así, ya de forma más explícita:

“Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.” (Lc 4:40-41)

Aquí se habla de “diversas enfermedades” y los endemoniados son una clasificación de tales enfermedades, sin embargo, el evangelista introduce un elemento hebraico, la imposición de manos y repite el patrón de exorcismo a la vez que la reprensión de silencio de callar a los demonios quienes sabían su identidad mesiánica, por supuesto, a estas alturas se puede intuir que, para los propósitos divinos era indispensable pasar desapercibido y que estos seres espirituales por irreverencia intentaban afectar el desarrollo del ministerio de Yeshúa, por eso se habla de “reprensión”. Para nuestros amigos estudiantes e intérpretes que han estudiado las leyes de lashon hará (chisme) saben que, en la fe hebrea, no necesariamente algo tiene que ser falso para transgredir, la actitud de los demonios al hablar y reconocer su identidad mesiánica, pareciera caer en esta transgresión evidenciada por la constante represión de Yeshúa.

También se repiten las mismas referencias en Mc 3:7-12, “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.” Aquí aporta más el evangelista, la censura a los demonios definitivamente es para que no se descubra que Yeshúa es el Mesías, el Hijo de Dios, la notoriedad cabe aquí en que, no se habla de que los endemoniados, es decir, las personas que tenían demonios se inclinaban ante Yeshúa, sino que se omite ese detalle y se anuncia más bien, con toda claridad que son los “espíritus inmundos” los que se postraron ante él y exclamaron que era el Hijo de Dios. Desde luego que entre líneas se entiende que eran los endemoniados quienes poseídos por esos espíritus eran los que conocían la identidad celestial de Yeshúa, no así las personas por su propio saber.

Existe un caso particular en donde un endemoniado (según Marcos, dos, según Mateo) reconoce la identidad mesiánica de Yeshúa, pero ninguna narración se hace referencia textual a censurar los demonios quienes le reconocen como “Hijo del Dios Altísimo” (Mc 5:7; Lc 8:28) e Hijo de Dios, Rey de Israel (Mt 8:29). Como dato curioso, los demonios claman no ser expulsados “lejos de aquella región” en Mc 5:10, mientras en Lc 8:21 le rogaban que no los mandara al “abismo”, Mateo simplemente omite mencionar este detalle. Ahora bien, como dije anteriormente, aquí se romple el esquema y anima al ex-endemoniado a que vaya y publique lo que “Dios ha hecho con él” y “cómo ha tenido misericordia de ti” a lo que efectivamente haría la persona (Mc 5:19-20; Lc 8:39).

Shalom amigos.

12 noviembre 2013

++ ORAR LO QUE DIOS HA DICHO QUE HARÁ (PARASHA VAISHLAJ 5774)

Hola amigos.

De verdad que disfruto de leer y estudiar las Escrituras, razón por la cual me encuentro aquí compartiendo una pequeña reflexión de la porción que muchos se encontrarán leyendo y estudiando esta semana. Vaishlaj 5774.

Yo no pretendo hacer un comentario extenso, me voy a centrar en la oración de Jacob, esa oración que me recuerda mucho a la de Moisés o Daniel, una oración en la cual se trae a la memoria y se le expresa al Creador para que nuestra pronunciación tenga un soporte de lo que nuestro corazón anhela. Antes debemos recordar un poquito.

Jacob, estaba huyendo de su hermano Esaú, este quería matarlo y advertido por su madre de las intenciones de su hermano escapó lejos de esas intenciones. Debo decir que me identifico con Jacob, ¡cómo deseo que mi vida sea un reflejo de la de él! yo me lo imagino ahí en un cerro parado, viendo un camino difícil con la insertidumbre de dar el primer paso. Se dirigía a tierra de parientes, pero en el transcurso del camino se le reveló un Dios que entre otras promesas extraordinarias le dijo:

"He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho." (Gen 28:15)

Esto se lo dijo en sueños a Jacob, por eso, aunque parezca broma, ¡cuan importante es soñar! Tal vez El Eterno nos hable, eso sí, no esperemos escuchar a Dios en sueños después de una película de terror o después de haber hablado tonterías antes de meterse a la cama.

Dios habla a Jacob y le da varias promesas en un sólo versículo: 1) Estará siempre con él; 2) lo cuidará; 3) lo hará volver a la tierra de su padre y por si fuera poco cierra con una clausula impresionante: 4) no dejarlo hasta que le cumpla lo que dijo, en otras palabras, te cumplo por que te cumplo. Luego Jacob se despierta del sueño y hace un voto, una promesa un tanto diferente, dice:

"E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, El Eterno será mi Dios." (Gen 28:20-21)

¿Qué clase de voto es ese? Si yo dijera, si me saco el premio mayor de la lotería, entonces El Eterno será mi Dios. Claro, Jacob no habló de lotería ni coches, mansiones o dinero, sin embargo, el voto encierra un deseo que yo he podido experimentar en estos últimos meses, un deseo de que Dios esté con nosotros y sea el Dios que nos guía y nos conduce en su verdad. No es un voto para satisfacer necesidades, es un voto para ser fiel a Dios SIEMPRE, porque efectivamente, si yo digo que El Eterno será mi Dios si cumple su Palabra es como pedir la certificación de nuestra fe porque cuando Él lo cumpla será vivir en convicción, eso es lo que yo creo que Jacob estaba haciendo.

Entonces un Dios se le apareció a Jacob en Betel (así llamó a ese lugar) e hizo ese voto. Vinieron las dificultades pero a la vez las bendiciones comenzaron a florecer y efectivamente El Eterno estuvo con Jacob pues prosperó y se hizo grande, El Eterno le dio muchos hijos, lo llenó también de alegría y felicidad pero faltaba algo, regresar a casa. Cuando Jacob se dirigía a casa recordó por qué se fue de casa, su hermano lo estaba esperando y él tuvo miedo, un miedo tan natural en nosotros que es imposible a veces no tenerlo, no debemos sentirnos mal al tener miedo a veces, no es por falta de fe, es para aumentar la fe, y sepan por qué...

Jacob se entera que su hermano viene hacia su campamento con 400 hombres, la preocupación afloró inmediatamente e hizo una estrategia de supervivencia, dividir su familia en dos (qué gran secreto hay aquí) y resuelve que, si su hermano Esaú viene con esa cantidad de gente, tal vez cuando ataque al primer campamento, el segundo tenga oportunidad de huír y no perecer. Sin embargo, tras se presa del miedo y combatirlo con nuestro propia sabiduría no le quedó de otra más que hacer una oración:

"Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, El Eterno, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud." (Gen 32:9-12)

Qué poderoso es orar con las Palabras de Dios en nuestra boca, yo les digo que oren lo que han leído y verán si Dios no contesta las oraciones. Este método tiene como propósito tener una relación con El Eterno, el hallar gracia ante sus ojos es mucho mejor que cualquier cosa en la tierra. Yo como padre sé lo que significa mis palabras para mis hijas, "papá tú prometiste que iríamos al parque", "tú dijiste que me comparías helado" y digan ustedes ¿qué hace uno como padre? pues que sepan amigos que: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mt 7:9-11) Verdad o no?

Después que Jacob oró a Dios así, el resultado fue increíble, ese hermano que años atrás quería matarlo ahora lo amaba como si nunca le hubiese deseado la muerte, y Jacob supo que el cambio de actitud en el corazón de su hermano fue obra divina pues antes de encontrarse frente a frente con su hermano le había enviado muchos regalos para calmar su recuerdo:

"¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo." (Gen 33:8-9)

Ven cuan importante es hallar gracia a los ojos de Dios, el hallar gracia a los ojos del Eterno hace que los hombres nos miren diferente porque nuestra actitud, compromiso, entrega, fidelidad y amor están en Dios, eso contagia a quienes nos ven. Jacob le insistió a su hermano que lo recibiera y pronunció unas palabras que me llegaron a lo profundo de mi ser:

"No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido." (Gen 33:10)

Que el Dios de Betel, el Poderoso que se le apareció y sostuvo a Jacob, el Poderoso que le fue fiel a Jacob y le cambió el nombre a Israel esté con nosotros, que hallemos gracia ante sus ojos para ver la autoridad de su Ungido.

Shalom amigos.